Ailita: la identidad fuera del monolito, convertida en producto

Cómo una parte de nuestro sistema de gestión escolar se convirtió en Ailita, la puerta de entrada segura que hoy comparten todos nuestros productos.

· Equipo Nesolva

Toda historia de producto empieza con un problema. La de Ailita empezó con uno muy común: estábamos a punto de construir lo mismo por segunda vez.

Un sistema que crecía

Allumai, nuestro sistema de gestión escolar, tenía todo en un mismo lugar: cursos, alumnos, calificaciones… y también los usuarios, las contraseñas y los permisos. Funcionaba bien. Hasta que empezamos a construir nuestro segundo producto.

Ahí la pregunta fue inevitable: ¿íbamos a construir otra vez el inicio de sesión, la recuperación de contraseñas, el doble factor y los permisos? ¿Y a mantener dos veces la parte más sensible de cualquier sistema?

La decisión

Decidimos separar esa pieza y convertirla en algo propio: un servicio de identidad que cualquier producto pudiera usar. Pero separar algo que funciona, sin detener lo que ya estaba en uso, es un trabajo delicado. Lo hicimos paso a paso, con el sistema original funcionando todo el tiempo. Contamos el método en Modernizar sin reescribir.

Ya que íbamos a hacerlo, lo hicimos pensando en grande:

  • Varias empresas, cada una en su espacio. Con su marca, sus usuarios y sus reglas de acceso.
  • Una sola puerta para todos los productos. Los productos nunca ven una contraseña.
  • Seguridad de verdad. Doble factor, ingreso con Google y Microsoft, sesiones que se cierran al instante.
  • Una mirada atenta en cada ingreso, que nota cuando algo no se parece a lo habitual.
  • Herramientas para administrar empresas, usuarios y roles sin depender de nadie.

El resultado

Así nació Ailita. Cuando construimos Alfred, nuestro producto de facturas, no tuvimos que escribir una sola línea de inicio de sesión: Alfred usa Ailita desde el primer día. Y cualquier producto que venga después va a hacer lo mismo.

Lo que empezó como una tarea de orden interno terminó siendo un producto en sí mismo. Nos pasa seguido: los mejores productos nacen de resolver bien un problema propio.

Si en tu empresa hay un sistema que creció demasiado y nadie se anima a tocar, hablemos.

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